La vida es lo más valioso que tenemos y la hemos recibido gracias a nuestros progenitores: mamá y papá. Si examinamos nuestras historias personales, cada una de ellas guarda su particularidad en el momento y las condiciones en que hoy somos parte de una familia.
La figura de nuestra mamá es la más representativa y en muchas culturas ocupa un rol central, porque es la que nos ha llevado nueve meses en su vientre y la conexión es inmediatamente espontanea.
Sin embargo, la figura del papá es a quien muchas se le confieren distintas responsabilidades, como la de protección, otras desde un punto de vista material solamente o, en otros casos, simplemente da el sentido social de que se vive en una “familia”.
Por otro lado, ser papá está muy relacionado a la experiencia de vida, principalmente donde sus propios modelos y aprendizajes culturales juegan un papel protagónico, que van más allá de una autoridad que intimida, corrige o es la mano dura de la casa.
A medida que se presta más atención a las perspectivas culturales y psicológicas, que hoy en día vivimos podemos decir que ha aumentado también el interés en la relación entre papás y sus hijos.
Es así como los diversos niveles de participación del papá en la crianza cobran una importancia vital en el desarrollo de los hijos, muchas veces determinados por los modelos de masculinidad cultural. En este sentido, los roles e involucramiento en acontecimientos vitales de los hijos van a predisponer a una vida emocional estable y de bienestar, así como sus capacidades para enfrentarse a un mundo demandante de retos y diversidad.
La presencia física del papá no equivale de ninguna manera a la una “presencia psicológica”, es decir que el papá puede estar presente físicamente, pero representa para los hijos una imagen ausente ya que no ha logrado ser una imagen significativa emocionalmente que contribuya a la definición de una personalidad madura llegada la etapa de la juventud.
Algunos autores hacen una clara diferencia entre ser padre y ser papá, donde el papá es quien ha logrado ser la figura significativa que no siempre representa al progenitor.
Por tanto, ser padres y papás hoy en día significa más que solo ser “ayudantes” o proveedores económicos, sino verdaderos hombres comprometidos, asumiendo responsabilidades sociales y emocionales en la vida de sus hijos.
Como papá en las diferentes etapas de desarrollo de los hijos se espera:
- La de protección; que mas adelante se va a ver reflejado en la calidad de las relaciones que el niño o niña desarrolle
- La sensibilidad y el afecto; que determinaran su calidad de participación social
- La calidez y experiencias para explorar su ambiente; lo predispondrá a mejores estructuras para aprendizajes significativos
Finalmente, debemos recordar que la participación significativa del papá determina positivamente en los hijos, desde una dimensión afectiva, educativa y de integración social.


