En los últimos días hemos quedado consternados con la noticia de la muerte del ex presidente Alan García y no solo por su deceso, sino por las circunstancias de cómo este ocurrió.
Los principales medios nacionales e internacionales han dado énfasis al proceso que se le seguía en la investigación por corrupción que pendía sobre él mientras que, por otro lado, hemos escuchado partidarios que han querido desviar lo que significa su partida como un hecho “heroico”, la misma que no se ajusta al significado de heroicidad donde se cataloga a alguien como héroe por su gran capacidad para superar o manejar el riesgo o el fracaso, porque busca un bien común basado en principios de justicia, que lo aparta de todo provecho personal o cuestiones éticas que ponen en duda sus principios.
Por tanto, el suicidio no puede ser mostrado de ninguna manera como un hecho digno de orgullo, ni dar a entender que este es un ejemplo a seguir para quienes pueden encontrarse en situaciones de mucha presión o quienes pudieran admirar a quien fue esta persona en vida.

Reuters.
Este tipo de afirmaciones quiebran el esfuerzo que como sociedad peruana hemos realizado para lograr importantes avances en la atención de la salud mental en los últimos años. De la misma forma, catalogar a alguien que tomó esta decisión como una persona cobarde, egoísta o poco fuerte, juzga y denigra tanto a ellos como a sus familias. Ambos tipos de paradigmas nos alejan de poder comprender la complejidad de patrones de ideas y comportamiento que llevan a esta acción.
¿Cómo los seres humanos tomamos decisiones?
¿Qué tanto se evalúa una decisión antes de arremeter y que no haya marcha atrás? En este caso podemos afirmar que las personas somos capaces de captar muchos más matices del entorno que son relevantes para la toma de decisiones, esto buscando nuestra supervivencia y no lo contrario. Tanto la educación, así como experiencia de vida diaria o aprendizajes nos permiten elaborar modelos de las circunstancias futuras.
Sin embargo, las vivencias emocionales, experiencias que ayudan a formar la concepción individual de la realidad, cobran un papel importante en la toma de decisiones para un patrón conductual específico.
Desde esta perspectiva, la siguiente pregunta que nos podríamos plantear es ¿Por qué una persona desearía no seguir viviendo? Y es justamente cuando estos dos patrones, racionales y emocionales, se encuentran perturbados que en lugar de buscar, generar y poner recursos mentales y conductuales para superar las dificultades, todo se torna cada vez más sombrío y sin salida.
Según la Organización Mundial de la Salud, el suicidio puede definirse como el resultado de comportamientos auto-infligidos que tienen como intención la propia muerte. Estos puede representar el desenlace en una variedad de problemas de la salud mental donde el 80% están asociados a ellos, siendo los principales los del estado del ánimo, como la depresión, el consumo de sustancias, los problemas de personalidad, entre otros, donde el control de impulsos es trascendente para el método y las circunstancias del hecho.
Se han identificado como factores de riesgo de conducta suicida:
- Ser mayor de 45 años
- La impulsividad
- Los eventos vitales adversos
- Ser del sexo masculino
Cuando los problemas de salud mental aparecen en edades tempranas, como en la juventud, y se extienden a lo largo de la vida, el riesgo de suicidio es mayor y latente.
Finalmente, queremos manifestar que existe un espectro de conductas asociadas con el suicido que van desde:
- La idea suicida
- El plan de suicidio
- El intento
- Finalmente, el suicidio consumado.
Por tanto, lo acontecido hace unos días no debe ser considerado por ningún motivo como un acto positivo sino como alerta para que todos podamos encontrar una intervención oportuna para el bienestar propio o el de alguien cercano, pues esto tiene un impacto muy importante en el ámbito individual, familiar y colectivo, que podemos evitar.
